sábado, 2 de febrero de 2008

Familiares de Simon Bolivar

Juan Vicente Bolivar y Ponte.
Padre del Libertador Simón Bolívar. Hijo de Juan Bolívar y de Petronila Ponte. En 1743, en ocasión de los ataques del almirante inglés Charles Knowles a La Guaira y Puerto Cabello, se distinguió por su conducta. El 1 de enero de 1747 fue electo procurador general de Caracas. En 1759, es nombrado teniente de gobernador, corregidor, cabo de guerra y juez de comisos en La Victoria y San Mateo. En 1765, fue designado administrador de la Real Hacienda. En 1783 fue puesto al frente del batallón de los valles de Aragua de las milicias regladas con el grado de coronel; también tuvo a su mando la compañía de volantes del río Yaracuy, lo que ejercía a través de un oficial nombrado por él. Iniciador en diversas épocas de reformas en materia militar, organizó las milicias de pardos. En 1775, se trasladó a La Coruña (España), para tratar de reivindicar ante la Audiencia, en su condición de heredero, los bienes correspondientes al vínculo fundado en Caracas por Pedro Jaspe y Montenegro, entre los que figuraba el paso (casa de campo gallega) de Peñar redonda, pero el juicio le fue adverso.
El 24 de febrero de 1782, junto con Martín Tovar y el marqués de Mijares, suscribió una carta dirigida a Francisco de Miranda, en la cual manifestaban su descontento con el régimen español; es el documento conocido en la historiografía venezolana como «Carta de los Mantuanos», cuya autenticidad ha sido puesta en duda, si bien la misma figura en el archivo de Miranda.
Maria de la Concepcion Palacios y Blanco .

Madre de Simón Bolívar, el Libertador. Hija de Feliciano Palacios y Gil de Arratia y de Francisca Blanco Infante y Herrera (descendiente ésta de Francisco Infante, sexto abuelo paterno del Libertador y uno de los que acompañaron a Diego de Losada en la fundación de Caracas). Casó con Juan Vicente de Bolívar y Ponte el 1 de diciembre de 1773 a los 15 años de edad; de quien enviudó, contando 28 años, el 19 de enero de 1786. Del matrimonio nacieron:
Maria Antonia, Juana nepomuceno, Juan Vicente, Simon y María del Carmen (hija póstuma que murió a las pocas horas de nacer).
Hasta la fecha, no son conocidos datos suficientes que permitan hacer una verdadera semblanza biográfica, pero procedentes de diversas fuentes, pueden citarse informaciones que revelan a grandes trazos el carácter y las principales circunstancias y actividades de la madre del futuro Libertador.
Del testamento de su esposo pueden señalarse las siguientes:
«…declaro que cuando contraje matrimonio con la dicha Doña María de la Concepción Palacios y Blanco, en treinta de noviembre [sic] del pasado setenta y tres, trajo ella por sus bienes, dos esclavas nombradas Tomaza y Encarnación, como de diez y seis años de edad, y yo entré con el capital de doscientos cincuenta y ocho mil quinientos pesos…»
(La discrepancia en un día en la fecha de matrimonio es razonablemente atribuible a las circunstancias y a una falta de comprobación del escribano). En un legado posterior a la fecha de firma del testamento, pero anexo al mismo, con fecha 15 de enero de 1786, después de diversos aspectos preceptivos sobre los beneficiarios de la herencia, dice:
«…que los gananciales que le tocarán a mi legítima mujer Doña María de la Concepción Palacios y Blanco serán crecidos, y suficientes para pasarlo con la mayor decencia; con todo atendiendo al especial cariño que la he tenido y la buena compañía que me ha hecho, es mi voluntad mejorarla, como la mejoro en el mejor diamante, en el mejor reloj, y en toda la ropa de su uso para memoria de mi gratitud…»
Más adelante, el esposo establece, y ella acepta, que será tutora y curadora de sus menores hijos, relevada de fianza alguna, y declaran que este testamento revoca cualesquiera otras disposiciones otorgadas con anterioridad; este legado añadido está firmado por Feliciano Palacios y Sojo, María de la Concepción Palacios y Blanco y el escribano Juan Domingo Fernández, y fechado 4 días antes de la defunción.
Cartas de familiares y amigos, así como la tradición, transmiten que María de la Concepción era una agraciada mujer, educada y muy sociable; al enviudar quedó bajo su administración una respetable fortuna, y no obstante ser joven, atractiva y de alta sociedad, nunca contrajo segundas nupcias como era común en esa época.
En vida de su esposo tuvo un cabal conocimiento de los negocios de éste, y apenas se encarga de ellos, procede con inteligencia y decisión no sólo a conservar los cuantiosos bienes a su cargo, sino que los aumenta y sanea. En las tareas administrativas recibe una gran ayuda de Francisco Antonio Carrasquel, quien había sido socio de su marido en un almacén de mercancías y en otros negocios también lo había sido de su padre. La viuda rica y en apariencia inexperta pronto se ve cercada de gentes codiciosas, pero ella, apoyada en su padre, logra tras dura lucha consolidar la herencia para sí misma y para sus hijos. En un momento determinado, llega a sostener hasta 28 expedientes judiciales. Entre otros, por la hacienda de añil del valle de Suata; con la Real Hacienda por las minas de cobre y las tierras de Aroa; y por el hato del Totumo en los llanos. Con relación al Mayorazgo Aristeguieta heredado por Simón, mantiene un pleito con el albacea testamentario, logrando al fin que los bienes del vínculo de la Concepción le fueran entregados libres de fianzas y deudas. Para tal cometido, la Audiencia nombra curador ad ítem del menor, al licenciado Miguel José Sanz.
Construye la casa de la Cuadra Bolívar y la convierte en una quinta de recreo en donde frecuentemente se reúne la mejor sociedad. Ordena terminar la fábrica de una máquina de aserrar madera en la boca del río Aroa, que había comenzado su difunto marido. Compra diversas tierras y haciendas: una de cacao en el valle de Tacarigua, otra en Guacarapa; 6 fanegadas de tierra en Chacao con 6 horas de agua, que negoció a su tío el sacerdote nerista Pedro Palacios y en donde inicia una plantación de café. Intenta obtener para su hijo Juan Vicente el despacho, nunca otorgado, correspondiente al título de marqués de San Luís y vizconde de Cocorote, que en su oportunidad había solicitado para sí y para todos sus descendientes Juan de Bolívar y Martínez Villegas (1728).
A estos fines, María de la Concepción envía a su hermano Esteban Palacios y Blanco a España. El 10 de septiembre de 1790, desde San Mateo, escribe a Esteban, a la sazón en Madrid, y textualmente le informa: «…Yo estoy ya buena, me parece que del todo, gracias a Dios…»; dando así a entender que la indisposición de su salud era reciente, ya que si se hubiera referido a una antigua enfermedad lo habría hecho en otros términos. Esta referencia constituye para muchos historiadores una base razonable para interpretar que ella enfermó en sus últimos años y que, por consiguiente, deben descartarse diversas suposiciones como que la tuberculosis era una tara familiar que su esposo le transmitió; que ella estuvo apartada por muchos años de sus hijos por temor a contagiarlos, etc.
El 13 de mayo de 1792, Feliciano le escribe a su hijo Esteban, todavía en Madrid, y le informa: «Estamos sin novedad, ayer tarde se fue Concepción y los del paseo de Aragua»; se refería a un grupo de cerca de 50 invitados, parientes y amigos, que ella, como era su costumbre, había reunido para que la acompañaran en sus visitas a las propiedades familiares. Innecesario resulta señalar que, para soportar un viaje tan penoso a caballo, alguien aquejado de tuberculosis, tenía que haber poseído un gran espíritu y una decidida vocación por lo que consideraba sus obligaciones; 55 días después de haber emprendido el llamado «paseo de Aragua», entregaba en Caracas su alma al Señor. Su muerte acaeció como consecuencia de una hemorragia pulmonar o hemoptisis en medio de una aguda crisis de la tuberculosis que padecía. Ella residía en la habitación principal, o sea, a la entrada de la casa natal a la derecha, y allí seguramente ocurrió el deceso. No se conocen retratos de ella, pero sí una referencia sobre su aspecto físico, particularmente entrañable, ya que proviene del mismo Simón Bolívar.
En 1825 regresó a Venezuela Esteban Palacios y Blanco y, al participarle su llegada al entonces triunfante Libertador que se encontraba en El Cuzco, recibió de éste una carta que, por su emotividad, ha sido llamada La elegía del Cuzco; en ella se dirige a su tío y padrino de confirmación en los siguientes términos: «Mi querido tío Esteban y buen padrino: ¡Con cuánto gozo ha resucitado usted ayer para mí! Ayer supe que vivía usted y que vivía en nuestra querida patria. ¡Cuántos recuerdos se han aglomerado en un instante sobre mi mente! Mi madre, mi buena madre, tan parecida a usted, resucitó de la tumba, se ofreció a mi imagen». La referencia no podía ser más explícita. Por otra parte, de Esteban Palacios y Blanco se conserva un perfil pintado por Fouquet (París 1800), perteneciente a la colección Eduardo López de Cevallos, Caracas.

María Antonia Bolívar

Hermana del Libertador Simón Bolívar.
Hija de Juan Vicente Bolívar y Ponte y de María de la Concepción Palacios y Blanco. Casó con su tío Dionisio Palacios y Blanco el 11 de diciembre de 1792. Su marido fallece en la defensa de la ciudad de Maturín en 1814 y viuda, sale exiliada con sus hijos ese mismo año hacia Curazao y Saint Thomas; en 1815, llega a Haití.
Su hijo Guillermo, quien lucha por la causa independentista al lado de su tío Simón, muere en la batalla de La Hogaza (1817).
Ella regresa a Venezuela, vive primero en Angostura (1819) y entre 1822 y 1823 pasa a Caracas. Su hija Benigna casó en primeras nupcias con Pedro Briceño Méndez y, en segundas, con Pedro Amestoy.

Juana Nepomuceno Bolívar

Hermana del Libertador Simón Bolívar.
Hija de Juan Vicente Bolívar y Ponte y de María de la Concepción Palacios y Blanco. Casó con su tío Dionisio Palacios y Blanco el 11 de diciembre de 1792. Su marido fallece en la defensa de la ciudad de Maturín en 1814 y viuda, sale exiliada con sus hijos ese mismo año hacia Curazao y Saint Thomas; en 1815, llega a Haití.
Su hijo Guillermo, quien lucha por la causa independentista al lado de su tío Simón, muere en la batalla de La Hogaza (1817)
Ella regresa a Venezuela, vive primero en Angostura (1819) y entre 1822 y 1823 pasa a Caracas.
Su hija Benigna casó en primeras nupcias con Pedro Briceño Méndez y, en segundas, con Pedro Amestoy.

Juan Vicente Bolívar

Participante de la Conspiración de los Mantuanos (1808).
Diplomático. Hermano del Libertador Simón Bolívar. Hijo de Juan Vicente Bolívar y Ponte y de María de la Concepción Palacios y Blanco. En 1793 ingresó como cadete en el servicio militar, siendo ascendido a capitán en 1804. Participó en el movimiento del 15 de julio de 1808, donde se trató de la «...Junta y de los principios de Independencia...», cuyas reuniones preparatorias se efectuaron en la Cuadra de los Bolívar, ubicada en Caracas, en las cercanías del río Guaire.
Luego de la conjura fue confinado a unas de sus posesiones en los valles de Aragua. Tuvo 3 hijos de Josefa María Tinoco y Castillo, a quienes reconoció y llevaron su apellido.
Tomó parte activa en la fase inicial de la independencia, y luego del 19 de abril de 1810 fue comisionado por la Junta Suprema de Caracas en calidad de comisario, junto con Teles foro de Orea, para intervenir en las negociaciones relacionadas con la compra de materiales de guerra en Estados Unidos, así como en misión diplomática para solicitar apoyo ante el gobierno estadounidense para proclamar la independencia de Venezuela. Con 70.000 pesos de la fortuna familiar se disponía a cumplir con la compra de armas, pero recibió información del embajador español en aquel país respecto a la disposición del Rey de España de reconocer la legitimidad del gobierno de la Junta de Venezuela, por lo que invirtió la suma en implementos agrícolas. Muere a comienzos de agosto de 1811, en el naufragio del bergantín San Felipe Neri en las cercanías de las Bermudas, cuando regresaba a Venezuela.

Fernando Bolívar

Sobrino de Simón Bolívar, hijo natural reconocido de Juan Vicente Bolívar Palacios y de Josefa María Tinoco.
Su nombre completo era Fernando Simón Bolívar Tinoco. Su tío le tuvo siempre especial cariño, siendo su educación una de sus constantes preocupaciones; en 1822, lo envió a estudiar a los Estados Unidos de Norteamérica; tenía entonces Fernando 12 años y fue el general Carlos Soublette, a petición del Libertador, el encargado de arreglar lo relativo al viaje. Fue probablemente en esta oportunidad, cuando Simón Bolívar dictó el Método que se debe seguir en la educación de mi sobrino Fernando Bolívar para orientar a sus maestros.
Asistió primero al colegio de Germantown de Filadelfia y luego a la Universidad de Jeferson en Charlottesville, Virginia. En 1812, Bolívar había dictado en Caracas una declaración, que luego formalizó en Lima el 13 de diciembre de 1824, como dice «...Para después de sus días...», a favor de sus sobrinos Juan, Fernando y Felicia, garantizándoles la posesión de los bienes que fueron del padre de éstos; el 23 de junio de 1827, en Caracas ratifica su voluntad sobre este particular y hace donación graciosa del trapiche de Chirgua y de la Cuadra Bolívar a ellos y a su madre.
Fernando Bolívar regresó a Venezuela en 1828 y después de una corta permanencia en Caracas, se reúne con su tío en Bogotá (julio-agosto 1828) y desde entonces hasta su muerte lo acompaña y le sirve como edecán, secretario privado, confidente y correo de confianza. Dominaba el inglés; esta formación bilingüe le hacía a veces cometer errores en sus escritos. Estuvo presente en Bogotá el 25 de septiembre de 1828, cuando el atentado contra la vida del Libertador en el palacio de San Carlos y en el trance supremo de la agonía y muerte en San Pedro Alejandrino en 1830. Algún tiempo después regresó a Venezuela, donde vivían su madre y sus 2 hermanos, Juan y Felicia. El 24 de agosto de 1833, cuando se procedió en Caracas a la partición de los bienes del Libertador entre sus herederos, Fernando estuvo representado por su madre, pues aún no había alcanzado la mayoría de edad, que entonces era a los 25 años. En junio de 1834 realizó un viaje a Europa, donde permaneció varios años y perfeccionó su conocimiento del francés. A comienzos de la década de 1840 se hallaba de nuevo en Venezuela y vivía en la hacienda de Chirgua, cerca de Valencia, que le había correspondido en herencia por decisión del Libertador.
Cuando se preparaba el traslado a Caracas de los restos de Bolívar, solicitó ante el gobierno de José Antonio Páez (3.9.1842), el honor de formar parte de la Comisión que debía repatriarlos, lo cual le fue negado alegando falta de cupo en el buque designado, la goleta de guerra Constitución. Cuando se instaló en 1843 en Valencia la «Sociedad Boliviana», actuó como su secretario. En 1850 hizo imprimir en la misma ciudad de Valencia un folleto titulado Cuestión política y filantrópica, en la cual abogaba por la abolición de la esclavitud. En 1855, hallándose en Caracas, le escribió una carta al general Tomás Cipriano de Mosquera, quien dirigía los destinos de la Nueva Granada (hoy Colombia), incitándole a encabezar un movimiento de opinión en fin de reconstituir la antigua República de Colombia, la Gran Colombia, que se había disuelto al morir el Libertador en 1830; decía en su carta: «...no ha muerto, sino vive en la historia, en el corazón de muchos y representada por sus hijos...». Al estallar en 1859 la Guerra Federal, manifestó sus simpatías hacia los revolucionarios. Más tarde viajó extensamente por el Viejo Mundo y residió durante varios años en Barcelona (España) y en París; en esta última ciudad publicó en 1868 con el seudónimo «Rivolba» (anagrama de su apellido) las Cartas de un americano, en una de las cuales se mostró un decidido defensor de los derechos de la mujer a la educación, inclusive la universitaria; publicó también en 1870, por primera vez, una parte del Diario de Bucaramanga (redactado por Luís Perú de Lacroix), poniéndole el título de Efemérides colombianas; en 1873, en la misma ciudad, publicó su obra Recuerdos y reminiscencias del primer tercio de la vida de Rivolba, páginas autobiográficas dedicadas a sus hijos y sobrinos en las cuales relata sucesos de los primeros 20 años de su vida, es decir, hasta 1830, cuando falleció el Libertador y Fernando quedó, como él mismo lo dice, «...huérfano [de padre] por segunda vez...».
Poco se sabe de los últimos lustros de su vida, salvo que regresó a Venezuela y en 1895 otorgó testamento en el cual constaba que tenía 3 hijos: Benjamín Bolívar Gauthier, Santiago Hernández Bolívar y Claudio Bolívar Taraja.

1 comentario:

yanis dijo...

Cuales seran los hijos de Benjamin Bolivar Gauthier Santiago Hernandez Bolivar y Claudio Bolivar Taraja,la cual ellos son sobrinos segundos de Simon Bolivar hay que saber si todavia exiten familiares del Libertador.